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Una noche mágica con Edgar Oceransky

Arturo Deleón/Gm5

Casi eran las 8:00 de la noche -hora a la que estaba marcado el inicio del evento- cuando entramos a la sala de conciertos Roberto Cantoral de la Sociedad de Autores y Compositores de México, un recinto que merecían los que nos han movido algún sentimiento con sus obras. A muchos de ellos ni siquiera los conocemos. Son mucho más populares los intérpretes que los compositores. Y esto viene a colación porque en lo personal, exijo a mis alumnos de canto que sepan y digan siempre el nombre de quien se quema las pestañas para darnos algo de sí mismo.

Decía Joan Manuel Serrat que él comenzaba a trabajar a las 8:00 am como “todo el mundo”.

Se piensa normalmente que la composición es algo intangible que solamente requiere inspiración y no es así. La composición se estudia, se trabaja. Se elige un tema y hay que desarrollarlo con ciertas reglas musicales que son muy importantes para el compositor, y algunas de ellas pueden tener toda la técnica pero no son del gusto de la gente. No es sólo lo que se expresa, sino cómo se expresa.

En esto, Edgar Oceransky, es único. No solamente tiene esa inspiración que cautiva desde la primera nota, la primera palabra, y que en la construcción de sus obras tenga esa técnica depurada, sino que pone su alma entera en cada canción que escribe. La expresión de su arte es de una fortaleza y sensibilidad que a muy pocos es dada. Además, cada nota está en su sitio (musicalmente hablando), se pone el corazón en cada una de ellas.
En lo personal tenía muchas expectativas del concierto que va a ser incluido en su producción discográfica “Solo ni tan solo 2” porque sé de lo que es capaz, lo conocí personalmente en Madrid hace cuatro años, lo escuché en un concierto que dio por esos rumbos y logró transportarme a un estado de ánimo muy especial -cosa que no es nada fácil-. Pues en éste concierto lo logró con creces.

El concierto lo abrió Bernardo Quesada, compositor costarricence que en pocas canciones de su autoría logró situar a la audiencia en el punto y momento requeridos para lo que se avecinaba.

Edgar Oceranski comenzó a cantar y el auditorio comenzó a corear sus canciones, a llenarse el espíritu con evocaciones que resultaban de los temas “Te lleno de caricias”, “Quien quiere el paraíso”, “Días sin ti”, “Con tu partida” o “Te dejé” entre otros que escuchamos en casi tres horas de concierto.
Tuvo varios invitados, lo cual hizo más brillante -si es posible- el espectáculo, principalmente compositores a los que invitó a subirse al escenario con él y a cantar juntos. Rodo Flores, Charlene Arian, David Haro, Adrián Gil, Angel Ravelo, Miguel Inzunza y Rodrigo Rojas. Edgar Oceransky y algunos de sus invitados, estuvieron acompañados por Carlos Zapata, Aarón Cruz, Mario Santos y Paco Rozas en la batería, bajo, piano y guitarra respectivamente.

El público no lo dejaba marcharse y el cantautor interpretó cuatro canciones más exclusivamente con su guitarra, “Sigo amándote”, “Kilómetros de cielo”, “De carne y hueso” y “Juro”.

La magnífica relación desarrollada por éste cantautor con la gente que estuvo allí fue de tal intensidad, que al final hubo mucha gente que esperó para aplaudir a Edgar cuando salió, casi una hora después.

Su música debe ser escuchada con mucha atención ya que no solamente los arreglos e instrumentación a la melodía son agradables. Las palabras dicen mucho de él y muchos nos identificamos con situaciones o sentimientos plasmados en sus canciones.

Durante el concierto, la gente de la SACM y de su disquera, le entregó un reconocimiento por sus 125,000 copias vendidas, que se dice fácil, pero como Edgar lo dijo: “por lo menos hay otros que están tan locos como yo”. También tuvo palabra de agradecimiento con su productorMemo Gil, que ha pasado muchas horas en los ensayos, grabaciones y conciertos con esa sonrisa y con esa actitud “que lo hace ser mejor cada día”.

Salí del concierto a escuchar en un CD una canción que no fue interpretada por Edgar en el concierto y que a mí me gusta mucho: “Qué tristeza”.
En verdad fue una noche que fue mágica y quisiera compartirla con ustedes…

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