Estás aquí
Inicio > Entretenimiento > Una tarde de Confederaciones

Una tarde de Confederaciones

La Valenciana

Las cantinas, “templos de dos hojas”: Salvador Novo

Por: El Tragón Chiflado

El otro día iba con mi amigo Paco, allá por los rumbos de la colonia Narvarte, donde termina Avenida Universidad y empieza la muy aristocrática colonia Álamos. Luego de haber superado la difícil glorieta Mariscal Sucre, no sin dos cerrones y de intercambiar un par de mentadas con una pesera Poli – Universidad, finalmente pudimos enfilar la proa rumbo al norte, hacía el Eje Central.

De repente Paco sobresaltado vio que ya eran como la una y media de la tarde y que se jugaba la semifinal de la Confederaciones. Sin más, ahí mismo ambos tomamos una importante decisión. La alternativa estaba entre asistir a una reunión con un maestro para salvar una materia que podría convertirse en un terrible dolor de cabeza todo el verano, o ser testigos de algo tan trascendente para el resto de nuestras vidas como lo era ver el partido semifinal de la Confederaciones. Una simple mirada cruzada entre los dos nos hizo separar lo urgente de lo importante y la votación fue unánime.

Con la misma ansia de un caracol que saca sus antenas para localizar una hojita tierna para comer, el buen Paco localizó inmediatamente una cantina, la seleccionada fue La Valenciana, un establecimiento al más puro estilo español.

A sus puertas el valet nos recibió el auto y nos dispusimos a entrar. El lugar, una cantina hecha y derecha, con una atmósfera tradicional, pero que al mismo tiempo tan actual como lo puede ser un establecimiento en el Paseo de la Castellana y avenida del general Perón, allá en mi recordado Madrid. Una adorable niña, que luego supimos se llama Edith, nos llevó hasta una mesa reservada, yo creo que se equivocó o alguien más responsable que nosotros no llegó, y listo ya estábamos instalados para ver el partido en el mejor lugar.

Lo que les puedo contar es que el partido fue lo de menos, Edith nos tomó la orden y entre silbatazo y silbatazo dimos inicio a un verdadero festín que es digno de describir. Primero un apetitoso caldo de camarón, servido en un vasito old fashion con su limoncito. Desde luego acompañado con un tequila Don Julio.

Luego de ver una extensa carta, pedimos la especialidad de la casa y ¡Sorpresa! El amable capitán nos hizo llegar “El Molcajete”, pero que cosa, humeante hasta nuestra mesa llegó un gran bowl de piedra negra volcánica, lleno de las mejores carnes, chorizos y quesos al punto, bañados con una delicada salsa verde, sin exceder el picor, pero de un excelente sabor, acompañado de tortillas a mano recién hechas. Total que la tarde de Confederaciones se convirtió en una experiencia gastronómica extraordinaria. Al caer el último penalti, -perdón, jugaba España contra Italia-, todos los parroquianos nos pusimos a cantar “Que viva la España”, aunque en realidad, en mi interior yo cantaba. “Que viva la Valenciana”.

La Valenciana está sobre Avenida Universidad # 48 a unos metros de Xola

Deja un comentario

Top