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La ladrona de libros (Cine)

Una ventana a la naturaleza humana

Leonardo Gonzalez / GM5

Basada en la aclamada novela de Markus Zusak, el filme de Brian Percival se centra en un pueblo cualquiera de la Alemania Nazi, a principios de la Segunda Guerra Mundial. Con un punto de vista distinto al de otros clichés de historias de niños en el Holocausto (véase El niño del pijama de rayas, Una señal de esperanza), muestra la historia de Liesel Meninger quien, adoptada por una pareja sometida por el régimen de Hitler, atraviesa circunstancias similares a cualquier niño: la amistad, la escuela, la adolescencia. Lo extraordinario se da cuando la familia refugia a un muchacho judío, recordando al público y los personajes lo mejor y lo peor de la humanidad.

Con actuaciones sobresalientes de Geoffrey Rush (Shakespeare enamorado) y Emily Watson (Dragón Rojo), la historia es una danza constante entre el drama y el romanticismo, pasando desde momentos sublimes, como las tomas en distintos planos o, en ocasiones, los diálogos, hasta lo soso y lo ridículo—tal es el caso del narrador, la Muerte, que si bien aparece en la novela de Zusak, baja el tono del guión, convirtiendo la película en una tragicomedia moderna con un tono fabuloso, que demerita al público.

Otro detalle a resaltar es la evidente inconstancia provocada por la mezcla de lenguajes —alemán e inglés—. No por ello la película es  totalmente deficiente; la mayoría de las interpretaciones cumple con las expectativas, además de contar con una excelente fotografía y un score bastante decente, convirtiendo a la historia en un producto estéticamente memorable, muy maquillado, evitando la crudeza y la fuerza que podría llegar a tener. Esto evidencia que, no obstante las buenas actuaciones y la calidad de la historia, La ladrona de libros  no deja de ser un producto hollywoodense que tiene como objetivo un premio de la Academia, y no marcar tendencias.

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