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Hasta pronto, Tata

El medio artístico mexicano llora a uno de sus grandes

Leonardo González/GM5

@leoreydelflow

 

Tradicionalmente, el doblaje mexicano ha sido la espina dorsal de las caricaturas, las películas y los programas de entretenimiento estadounidense en nuestro país. ¿Quién no recuerda la voz del Príncipe del Rap o a Beto Vélez en los Simpson? Estos personajes, si bien interesantes en un principio, no serían lo mismo sin las voces que el medio artístico del país les entregó, inmortalizándolos.

 

Nadie que presuma haber atravesado su juventud en compañía de Hannah Barbera o los Looney Tunes puede negar la impresionante calidad de los artistas nacionales de doblaje. A pesar de los problemas de la industria, todos recordamos a los exponentes de este rubro, y en la madrugada de anoche, el país perdió al más grande de todos.

 

El Tata Arvizu —voz de grandes como Pedro Picapiedra o Benito Bodoque— fue hospitalizado la semana pasada por fallos en el corazón y, aunque había mostrado cierta mejoría, el icono del doblaje no pudo más. Su legado está presente en más de 60 años de carrera, con innumerables voces que van del Superagente 86 hasta Michael Corleone, en el clásico de Francis Ford Coppola.

 

Arvizu mencionó en reiteradas ocasiones que su manera de doblar se dio a consecuencia de creer demasiado melódicos a los doblajes anteriores. Su obra llegó a sitios como Latinoamérica, gracias a sus innovaciones, que trascendieron los diálogos—véanse términos como el “zapatófono” o la voz de Benito, que originalmente es la voz de un jazzista negro. El Tata —conocido así por su personaje homónimo— no se detenía a respetar figuras; como sentía a los personajes, los interpretaba. De allí el éxito obtenido durante su carrera. De allí que México lo respeta y lo quiere. De allí que millones de personas van a llorar su partida, porque Arvizu, con sus bromas y sus irreverencias, nos vio crecer a todos, y nos alimentó el alma.

 

 

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