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César Chávez y el racismo que todavía no se termina

Diego Luna nos trae su visión de César Chávez, un hombre del pueblo y para el pueblo

Leonardo González/GM5

@leoreydelflow

cesar1Cuando Bob Dylan escribió A Hard Rain’s Gonna Fall hace 40 años, Estados Unidos estaba en medio de una revolución social: la lucha por los derechos civiles. El impacto que la música folk tuvo fue equiparable al de una revolución armada. Inició una lucha y los resultados no se hicieron esperar. Aunque existió una estela de mejora del pueblo hacia el pueblo, la concepción que se tiene de las minorías en general no ha cambiado mucho desde entonces—los negros, los hispanos, o cualquier inmigrante de raza no-blanca, es maltratado en los Estados Unidos.

Nunca está de más recordar la realidad. Así, el reconocido actor Diego Luna, con el apoyo de Canana Films y los productores Gael García Bernal, John Malkovich y Emilio Azcárraga Jean —¡sí, el mismo Emilio Azcárraga Jean!— nos traen una historia muy ad hoc con el momento que el mundo traviesa, tratando de devolver algo de luz a esta sociedad rota.

Con actuaciones de Michael Peña, Rosario Dawson y John Malkovich, César Chávez  cuenta la historia de un hombre en California que, inconforme por el trato recibido de parte de los estadounidenses, levanta a un pueblo entero, recordándoles que existen palabras como “dignidad”, “justicia”, “derechos”, en el diccionario de las minorías.

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La historia en sí es optimista, por no decir que es lineal y/o predecible. César Chávez se muda de una ciudad grande en California al pueblo de Delano, donde trabaja en los campos recolectando uvas y, a la par, organiza un boicot para derrocar a los altos mandos de las compañías vinícolas.

Al tiempo que el activismo toma fuerza y poder en el pueblo, podemos ver a un César Chávez que, como consecuencia de su demandante trabajo, pierde poco a poco la relación con su primogénito, al grado que éste decide abandonar a su familia. César tiene una mezcla de emociones pues, no obstante su lucha lo anima a continuar, las heridas internas que su núcleo familiar sufren lo acechan día con día.

Evidentemente, este recurso es una forma que Diego Luna tuvo de humanizar a Chávez—mostrar al público a la persona común y corriente, que comete errores y tiene aciertos. No es un Mesías, es sólo un mexicano luchando por su pueblo.

Entre los villanos del filme está el reconocido John Malkovich, en el papel de un croata —inmigrante también, a fin de cuentas— que se empeña en negar los derechos más básicos a sus trabajadores. Probablemente este sea el personaje mejor logrado de la obra, ya que a la actuación del protagonista le falta empeño; es muy parco.

La familia de César, sus vecinos y amigos, son simples dobles en una historia que no les exige mucho, pues cumplen con la función de gritar cuando deben hacerlo y llorar cuando es pertinente —los dobles para las escenas con gente de Filipinas fueron sacados de un restaurante de comida china en Hermosillo, literalmente—. César Chávez nos remite a la clásica película Zapatista dirigida por estadunidenses, donde a pesar que el tema es delicado, parece que se trata sin mucho conocimiento de causa.

Esto puede ser consecuencia de que el escritor del guión sea Terry George (Hotel Rwanda, 2004), quien —aunque experto en tragedias— no conoce a fondo la cultura y el sentir mexicano. Es decir, no hay duda de que existe una investigación detrás de la realización del filme. Sin embargo, un externo no puede venir y hablarle a los mexicanos de cómo nos sentimos, no lo entiende en su totalidad.

Existen, además, un par de cameos que considero innecesarios —en uno aparece Gael García y en otro Héctor Suárez—, pues parecen forzados y son completamente intrascendentes, como si su único objetivo fuera pagarle un favor a alguien. Eso, aunado al romanticismo de la figura heroica de Chávez, aleja al público de una historia que debió ser más visceral, más simple, como la vida misma. No parece una historia de mexicanos que sufren—parece una historia de gente cualquiera que sufre: carece de identidad.

Probablemente esa fuera la razón por la que César Chávez fuera tan aclamada en Berlín. Supongo que, desde un punto de vista externo, esta historia romántica y matizada puede llenarle el ojo a más de uno. En su defensa, cabe destacar que el dueño de los Clippers podría aprender un par de cosas de esta historia, pues el racismo es algo que no conoce tiempo ni espacios ni nada. No obstante, creo difícil que, en nuestro país, mucha gente termine de creérsela. A mí no me engañas, Diego… En fin, buena suerte para la próxima.

Fecha de estreno nacional: 1 de mayo de 2014.

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