Ralph Steadman, un genio ilustrando locura

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Leonardo González/GM5

@leoreydelflow

 

Ralph Steadman siempre ha sido un artista infravalorado, fuera de EEUA. Este caricaturista se une a la fila de gente poco —o nada— reconocida, que vive a la sombra de artistas adjuntos, con quienes levantaron un mito. Es el Pete Best de los Beatles, es Malcolm Mclaren y el punk; es lo que Gordon Lish para Raymond Carver.

 

Steadman nació en Gales, y su carrera como caricaturista lo llevó a publicaciones como laRolling Stone, Punch o el DailyTelegraph.  Por supuesto, también trabajó con su alma gemela, su equivalencia literaria—Hunter S. Thompson.

 

Steadman debería ser uno de los ídolos del arte contemporáneo. Su visión política radical y su gusto por la protesta, lo han llevado a convertirse en uno de los mejores críticos políticos de su generación. Y es que, una imagen dice más que mil palabras. Claro ejemplo de ello es Quino ganando el Príncipe de Asturias, hace apenas unos días.

 

Así pues, las obras de Steadman tuvieron un punch impresionante en la cultura popular norteamericana. Tristemente, casi nadie las reconoce por el nombre del artista; nos acordamos del Dr. Gonzo, akaRaoulDuke, aka Hunter S. Thompson.

Y es que eso sí, a nadie que conozca la obra de Hunter S. Thomspon o, en su defecto, la película de Terry Gilliam (1998), pasará desapercibido este artista quien, junto con Thomspon, creó una bomba que criticaba desde la sociedad norteamericana en general, hasta los crímenes de guerra de Vietnam—Ralph Steadman es la otra cara de la literatura de Thompson, y ésta le debe más de lo que se reconoce.

 

A pesar que, poco a poco, esa característica firma ha comenzado a tomar fama durante los últimos años, no es suficiente. Así como alabamos a Bansky por graffitear las paredes de museos, escondiendo su cara y protegiendo su identidad, existe un hombre que insultó al mismo Nixon y al Sueño Americano, durante su apogeo. Ralph Steadman es un temerario que nunca se ha escondido, pero pareciera que no a muchos importa.

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Por ello, es pertinente que, antes de emocionarnos con artistas recientes —y vaya que hay de dónde hacerlo—,  volteemos unos años atrás, y le demos una oportunidad a este maestro de la insubordinación, a este activista que nunca se escondió, pero la vida se encargó de hacerlo.