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The Wall, 25 años

Un cuarto de siglo uno de los discos más famosos de la historia

Leonardo González/GM5

@leoreydelflow

 

Cuando se mencionan los discos más importantes de la historia del rock, existen nombres constantes que relucen entre los demás—el Sgt. Peppers de the Beatles, el homónimo de Black Sabbath, el Highway 61 de Dylan, el Disintegration de The Cure y, por supuesto, The Wall de Pink Floyd.

 

Si bien existe un debate entre la calidad técnica de los discos de Pink Floyd, donde el DarkSide of The Moon (1973) comparte la delantera junto con el Animals (1977), el The Wall es, sin duda, el que más éxito comercial ha obtenido. Desde su lanzamiento en 1979, sobrepasó los 10 millones de LP y más más de 23 discos de platino, posicionándose como el disco más vendido de la década setentera.

 

No existe ningún melómano que no reconozca alguna canción del álbum; desde el solo de David Gilmour en ComfortablyNumb hasta el bajo en “AnotherBrick in The Wall Pt. 2”, esta obra es un bastión para la cultura popular inglesa de la posguerra —es una clara referencia a los estragos producidos por los enfrentamientos bélicos—, recordándonos la poesía de Wilfred Owen, la música de Vera Lynn y la voz de ÉdithPiaf.

 

El universo que Waters y Gilmour crearon es sumamente complejo, abarcando temas tan distantes como la falta del padre, el amor materno que raya en la dependencia, las drogas, la soledad y, por supuesto, el control del sistema—la guerra, la pared entre los miedos y uno mismo.

 

A lo largo de sus más de 20 temas, este producto de Bob Ezrin nos relata la historia de “Pink”, un personaje alegórico, resultado de los pensamientos de Roger Waters.  Este niño ha atravesado problemáticas que cualquier persona nacida en la década de los 30’ en Europa hubiera vivido. La Segunda Guerra inundaba los salones de clase; la retórica política enganchó a los infantes desde muy jóvenes, el ausentismo de las figuras paternas por culpa de los combates vació las ciudades y, con ello, sobrevino una de las épocas económicas más duras de la historia.

 

Probablemente esa sea alguna de las razones del éxito del álbum: trata un tema universal, pues habla de sentimientos que toda persona tiene en este mundo y, tristemente, en cualquier época.

 

Ahora bien, repasando los componentes del disco, un elemento que influyó claramente sobre él, fue el arte realizado para su lanzamiento. Desde la portada del álbum y los dibujos creados para el personaje de la madre, el profesor y el juez, la psicodelia escurría del The Wall a primera vista. Las canciones varían con solos de guitarra impresionantes, ecos de voces y pianos solitarios, así como sonidos inusuales, como ametralladoras y helicópteros. Así, este disco es sumamente ambicioso en cualquier aspecto posible—musical, visual o conceptualmente, es uno de los productos artísticos contemporáneos más complejos y accesibles para el público promedio.

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La razón de su éxito es que no tiene pretensiones; sin embargo, es una placa excelentemente armada, además que la historia tiene coherencia y es cíclica, lo que, al terminar, provoca una sensación de cierre, además de sentimientos como represión, horror y hasta asco.

 

Si se toma en cuenta el lanzamiento de la película homónima de 1982 y el éxito que trajo, aunada a la contemporaneidad con los sucesos relacionados al Muro de Berlín, este disco queda como anillo para su sociedad, para utilizar la música como una válvula de escape de un pueblo harto de que le pasen por encima. Ya lo había hecho Joan Báez, Bruce Springsteen o Sam Cooke, pero el apoyo visual que trajo el filme a esta obra, fue la amalgama perfecta, incluso descarada, de cómo se debe realizar una protesta.

 

Así, canciones como “Goodbye Blue Skies”, “HappiestDays of OurLives” o cualquier versión de “In TheFlesh”, dan muestra de la molestia y la sátira a la que Pink Floyd podía llegar. Por ello, el The Wall es un acto insuperable; es la gente en un ático de Varsovia comiendo vegetales pasados mientras la SS vigila los pisos superiores; es la miseria en Dresden después de las bombas; la máquina que quiere controlarnos y que, cuando se le zafa un engrane, atropella a todos. El “The Wall” se refiere a eso: a ti y a mí, y al miedo que nos provocamos.

 

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