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Inventario; otro 19 de Septiembre

Antes de terminar la segunda taza de café y después del simulacro para conmemorar el terremoto de hace 32 años parecía ser un día normal, sin mayores contratiempos, a las 13:14 hrs inició el movimiento trepidatorio que cambió, la semana y marcó un nuevo inicio para muchos.

Por Emilia del Perpetuo Socorro

@emiliadelperpetuosocorro

Nos pescó desprevenidos como todos los demás, un terremoto que parece interminable y las jornadas de rescate que cada vez se hacen más largas y pesarosas por las perdidas humanas; el inventario inicia apenas un par de horas después.

Oficinistas que regresamos a los edificios por nuestras pertenencias para emprender camino a casa mientras unos cuantos, menos afortunados que reanudan actividades. Conexiones perdidas, sin luz ni agua, el internet saturado, el transporte inactivo y algunos valientes que aún dan servicio colmados, denominadores comúnes que permean el ánimo y sobre todo el semblante de las personas, una retrospectiva para quienes ya lo habían experimentado, una película apocalíptica para quienes no lo habíamos pasado.

La incertidumbre sobre lo que pasó y pasará en lo subsecuente se hace presente, todos nos mostramos solidarios tanto que entre compañeros intercambiamos teléfonos celulares para monitorear.

Bajamos con calma y temor desde un cuarto piso hacia la calle, afortunadamente a mí me llevará un compañero del Centro Histórico a la Colonia Narvarte, una de mis personas queridas me espera cerca y se ofreció a caminar por mí hasta mi trabajo pero mientras vamos en el auto y recorremos el camino diario de 20 minutos casi dos horas, observo ríos de personas que caminan, sin importar edad o capacidad para recorrer grandes tramos, hay poca seguridad en las calles, lo que menos importa es burlar un semáforo, además de que ni se puede.

Se empiezan a cercar edificios y a hacer latente la destrucción material que causó el temblor.

Todos, todos sin excepción vamos pegados al celular intentando establecer contacto con cualquier familiar, algún indicio de que todo está bien a pesar de estar tan lejos, en casa y sobrellevar la tragedia que se refleja en cada uno de los habitantes de “La Ciudad de los Palacios”.

El Jetta de mi amigo queda en mutis mientras vamos sorteando atajos intentando llegar lo más rápido a Cádiz.

Luego de desearle un buen camino a mi compañero, bajo corriendo del auto y abrazo a mi persona favorita; ya hay dos caras menos de preocupación pero al ver nuestro derredor, encontrarnos con caras de angustia y desesperación, pensamos en lo afortunados que somos de estar tan cerca, porque seamos honestos, las condiciones de trabajo obligan a miles de mexicanos a desplazarse lejos y a deshoras para ganar el salario mínimo y solventar los gastos familiares, lo cual en situaciones apremiantes como estás viene al ánimo aún peor.

Nos tomamos de las manos y emprendemos rumbo; cristales, pedazos de fachada y cientos de personas en las calles, fuera de sus residencias empezando a organizar ayuda y consuelo.

Más tarde después de monitorear salimos a ofrecer ayuda y cargamos hasta con la cámara.

El panorama es devastador; las calles vacías, sin luz, Parque Delta con averías a simple vista, caminamos sobre Obrero Mundial y encontramos edificios derrumbados, anuncios y zonas ya acordonadas. Siguiendo el camino sobre Viaducto nos topamos con un edificio que acaba de colapsar, de inmediato ofrezco mi ayuda para los que están brindando los vecinos a los damnificados y acumulo memorias de personas que apenas lograron salir y ponerse a salvo.

Ya entrada la noche, me retiro afligida por el ambiente que pulula no solo ahí sino en la ciudad: maravillosa, imponente y llena de oportunidades.

Encuentro parte de los escombros que han ido sacando del edificio en cuestión, una vorágine de pedazos de concreto y recuerdos se agolpan en una de las esquina de Enrique Rebsamen, cuentos infantiles, documentos gubernamentales, sillas inservibles por el aplastamiento y la tragedia, zapatos y escombros que rememoran nuestra fragilidad ante esta Tierra; tan nuestra y sin embargo tan peligrosa.

Hasta el momento han quedado 29 edificios destruidos y centenas dañados, 355 personas fallecidas y tantas más desaparecidas, albergues abarrotados, víveres innumerables pero en éste mi inventario, lo que más cuenta es la reflexión, la fragilidad, la historia que se cuenta día tras día, los bríos por seguir con nuestras historias, la reconstrucción que nos espera a todos tan solidarios como en esos días, el aprendizaje para lo que pueda ocurrir y seguir…

 

Fotos: Emilia del Perpetuo Socorro

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