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Soy ‘millennial’. ¿Qué significa “2 de Octubre no se olvida”?

Por Emilia del Perpetuo Socorro

Un día gris cubre la capital mexicana. El 2 de Octubre que se conmemora la matanza de los estudiantes en Tlatelolco, que manchó de sangre no sólo los anales de una lucha histórica del pueblo mexicano por exigir lo que se merece, el día que la política hizo gala de su poder y terminó de manera fácil algo que pudo representar algo mayor.

El desencuentro ocurrido en Tlatelolco ha pasado de generación en generación a la memoria de los mexicanos, más que por lo atroz hacia la misma humanidad, por lo que trazó.

Libros, películas, poemas, series e incontables anécdotas han trascendido esta historia pero para mí ya no es lo que representa, sino un nuevo comienzo.

No parece ser nada nuevo que se exija educación de calidad, mejoras económicas que permitan al pueblo vivir cubriendo por lo menos las necesidades básicas, salud asegurada y condiciones de respeto y seguridad para todos.

Esta marcha concentró a los anhelantes de justicia por los hechos de 1968, a todos los que buscan respuestas de quienes nos gobiernan para las brutalidades que se viven en el país.

No faltaron los contingentes en contra de los feminicidios, los damnificados por el pasado sismo, estudiantes de las tres universidades públicas más destacadas del país, (Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana), y por supuesto, los afectados por los hechos no esclarecidos en Ayotzinapa.

Además de simpatizantes, personas como tú y como yo, que se levantan a diario para trabajar, para “corretear la chuleta” como se dice coloquialmente y brindar lo mejor posible a sus familias.

A mí la sensación que me dio al cubrir este evento es de desazón, de pronto no se sabe qué pueda pasar ni cómo vayan a reaccionar las autoridades.

En general, se vivió un ambiente tranquilo y pacífico a diferencia de años pasados, en tantos una energía impalpable pero masiva de ánimo, de que se busca hacer las cosas bien y de no dejarse vencer.

Para mí, el conmemorar esta fecha significa no callarme, defender y velar los intereses míos y de mi patria, ser una ciudadana respetuosa, crítica, ética, exigir mis derechos y responder a las peticiones que la sociedad demande, como profesionista y como mexicana.

Algunos recordatorios hacia Los Pinos hubo, incluso “anarquistas” quienes hicieron de las suyas en las cortinas ya bajadas de los negocios de la calle 5 de Mayo del Centro Histórico que fue donde avanzaron los manifestantes, arengas aquí y allá, jóvenes afónicos que a pesar de esto, gritaban y gritaban para que su voz fuera escuchada, ecos que quedan y serán recordados a diario.

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