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El chocolate rifa

Su objetivo: promover el consumo de cacao mexicano y dar lo mejor en cada platillo.

Por: Jaqueline Pérez-Guevara

Descubrí La Rifa por casualidad, al ir caminando frente a la plaza Washington en la colonia Juárez. Una decoración sencilla, con flores y algunos toques mexicanos se envuelve de un mágico aroma a chocolate. Es ahí donde Daniel Reza y todo su equipo, hacen el chocolate en barra, en bebidas o antojítos y reciben a quien se acerque con una sonrisa.

Además del aroma y del trato amable, los platillos son inigualables. Su menú cuenta con propuestas que van desde postres como conchas, cerditos o brownies hasta tamales, ensaladas, sopes o platillos con chapulines, todos exaltando el sazón y sabores del país.

Daniel buscaba hacer una chocolatería mexicana que se alejara de esa idea rimbombante o eurocentrista del chocolate y demostrar que nuestra nación produce una gran calidad de cacao, por eso, decidió que tanto la decoración como sus propuestas gastronómicas siguieran esa premisa chilanga de que, si algo es bueno, rifa.

él estudió gastronomía y en una de sus clases aprendió a hacer chocolate para después comenzar con la venta de bombones y productos elaborados con cacao. Fue hasta la feria del tamal que los organizadores le dijeron que tenían que vender algo más y rápidamente contesto que chocolate frío, caliente y tamales dulces. La respuesta de la gente fue que en un día vendieron toda la comida que tenían pensada para el fin de semana completo. Y con lo ganado en esa feria, invirtieron en el local que tienen en Coyoacán para después abrir Central cacaodonde surten sus productos y hace menos de un año su otra sucursal en la colonia Juárez.

En cada uno de los lugares La Rifa sigue sorprendiendo a todo aquel que se acerca a descubrir sus productos y esas nuevas opciones para beber y comer, pareciera en seguir empeñada en deleitar con sus sabores y en demostrar que el chocolate mexicano, aqué y en todo el mundo, rifa.

Hablamos con Daniel para conocer más sobre su proyecto de sabores.

“Cómo surgió” ¿qué buscabas ofrecer a las personas?

Al principio nuestra idea era vivir de vender trufas, cajitas y pusimos una barra de chocolate caliente y frío. Pero la gente nos fue enseñando que es lo que quería consumir. Pero creo que nosotros como mexicanos relacionamos más el chocolate como una bebida y no como tableta o bombones. Abrimos y nos cambió toda la visión, porque quisimos hacer algo por el cacao nacional y asegurarnos de que el chocolate que ofreciéramos fuera natural y de calidad. Si realmente queríamos fomentar este consumo, teníamos que hacerlo desde la semilla para conocer el proceso y el impacto.

¿Cómo empezaron con esa búsqueda por el cacao?

Empezamos a hacer viajes a Yucatán y nos dimos cuenta de que no sabíamos mucho y no teníamos ni idea de la vida del chocolate. Hay todo un mundo atrás de lo que conocemos o llega a la ciudad. No queríamos buscar la semilla pro la pretensión de decir que crecía en tal o cual lugar, sino por estar realmente seguros de lo que ofrecíamos. Empezamos a hacer chocolate de mesa y aprender todo el trasfondo y pasos.

¿Con que estados trabajan?

Con Tabasco y Chiapas que son grandes productores de chocolate y cacao; así como en Oaxaca donde trabajamos con una comunidad de productores

¿Cómo fue el acercamiento con los productores?

Estuvimos en el salón del chocolate y empezamos a conocer a varias personas que nos enseñaran más sobre el cacao y después de eso empezamos a viajar a estas zonas del país productoras para conocer todo desde el inicio. Fuimos conectando poco a poco con todos ellos y aprendí mucho.

¿Qué es lo que más te impactó al conocer estas regiones y procesos?

Me impactó que el precio allá se paga muy barato en comparación con el precio que se maneja en la ciudad. Hay todo un mundo detrás del cacao y uno muchas veces no conoce ni es consciente de la situación que viven los productores, un ejemplo es lo que sucedió cuando los invadió una plaga sus plantaciones y muchas de estas se abandonaron. También es impresionante que el sabor del cacao natural es muy distinto al de ahora y como al rodearse de ciertas especies de plantas o frutales, adquiere un sabor distinto.

¿Qué opinas del panorama del cacao en general?

Durante años la industria de la alimentación o el chocolate ha buscado homogenizar el sabor, es decir, si compras un chocolate en cualquier parte del mundo, buscan que sepa casi igual. Yo creo que hacen un despojo de esa memoria de sabores que nos ligan a nuestros orígenes y que es bueno probar variedad de chocolates, buena calidad, descubrir esos sabores que nos hacen sentir vivos.

¿Qué es lo que distingue a La Rifa?

Queremos que la gente pruebe un chocolate que sabe a nosotros, que es único y se distingue de los demás. Que tenga nuestro propio sello. Buscamos algo natural y sabores sinceros.

En cuanto a la carta tratamos de ser congruentes y centrarnos en productos de maíz y frijoles, queríamos que se relacionara con lo mexicano y lo tradicional del chocolate, pero de una forma sencilla, ofreciendo grandes sabores en productos sencillos. Queremos que cada detalle desde que la gente pueda entrar y ver el taller, escuchar el proceso, el olor del lugar, las tazas, decoración, hasta nuestros chocolates hablen de nosotros, tengan el sello de La Rifa.

* Este artículo lo puedes ver en la edición del mes de abril:

https://issuu.com/revistagivemefive/docs/revista_gm5_abril_2018

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