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¿Qué nos espera en materia de derechos a las mujeres con este nuevo gobierno? (Análisis)

Por primera vez en la historia de México tendremos una mujer al frente de la Secretaría de Gobernación. A partir del 1ro de diciembre de 2018 también contaremos con un gabinete presidencial paritario: 8 mujeres y 8 hombres liderando las distintas Secretarías de Estado.

 

Por: Hilda Monraz / Colaboración

La abogada con estudios de posgrado en política, Olga Sánchez Cordero, sería la primera mujer en obtener el cargo de Secretaria de Gobierno, cuyo último trabajo fue de Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación entre 1995 y 2015. María Luisa Albores González sería Secretaria de Desarrollo Social, quien es agrónoma especialista en Zonas Tropicales y su trabajo se ha encaminado a la educación social y a distintos proyectos de desarrollo en comunidades indígenas en el centro y sur del país. La Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales sería Josefa González Ortiz Mena, quien ha encabezado proyectos de rescate de flora y fauna en peligro de extinción en la zona de Palenque y alrededores, además de tener experiencia en el trabajo de arte y educación. Rocío Nahle encabezaría la Secretaría de Energía, de formación química con especialidad en petroquímica y amplia conocedora en proyectos sobre energía y estrategias de las industrias mexicanas e internacionales. La experta en historia económica, Graciela Márquez Colín, quien además es profesora de El Colegio de México, estaría a cargo de la Secretaría de Economía; sus vastos conocimientos sobre políticas comerciales, industrialización y desarrollo económico la avalan como excelente académica en la materia. Luisa María Alcalde estaría al mando de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, gracias a su trayectoria como abogada, investigadora de la UNAM, como diputada federal y encargada de comisiones de trabajo y previsión social entre 2012 y 2015. Por último, Alejandra Frausto Guerrero comandaría la Secretaría de Cultura, ella es promotora cultural y ha dirigido proyectos con impactos sociales en beneficio del medio ambiente, la difusión y la gestión de la cultura, así como el impulso a las culturas populares. (Aquí puedes ver los nombres de los integrantes del gabinete: https://lopezobrador.org.mx/gabinete/)

Además de haber sido una votación histórica en la que la legitimidad del próximo presidente por primera vez está respaldada por una mayoría avasalladora, los resultados de los pasados comicios también se convertirán en una transición coyuntural que incluye de manera equitativa la participación de las mujeres en varios niveles. Prácticamente la mitad de las diputaciones estarán ocupadas por ellas, y en el Senado serán más que sus compañeros varones. MORENA arrasó con las ocupaciones no sólo en las Cámaras, sino también en los Estados de la República y en muchos municipios del país. Beatriz Gutiérrez Müller, la esposa de Andrés Manuel López Obrador, ha hablado en reiteradas ocasiones sobre el título de “Primera Dama”, e incluso mencionó que lo abolirá, porque reconoce que “no hay hombres ni mujeres de segunda” (Aquí el enlace de su declaración: http://www.excelsior.com.mx/nacional/propone-esposa-de-amlo-poner-fin-a-la-figura-de-primera-dama/1241523). Todo hasta aquí tiene muy buena pinta, aparentemente. Pareciera que la participación de las mujeres, que estaría numéricamente igual con respecto a los hombres, así como las declaraciones de Gutiérrez Müller posicionaran una agenda favorecedora para las mujeres. Pero no es necesariamente así. La complejidad de la paridad de género en el gabinete, en una Cámara o en el Senado no puede resumirse con la cuantificación de las mujeres en ellas y nos lleva a la crítica profunda de la real participación y de las agendas concretas: no por ser mujeres se asegura el avance feminista.

Más allá de los números, hay ciertas críticas que han hecho algunas feministas a la experiencia política de Andrés Manuel con respecto a los proyectos y a las acciones de Estado con perspectiva de género. Si bien es cierto que durante su gobierno en la Ciudad de México creó distintas opciones de índole social, como algunos programas muy beneficiosos para ciertos grupos vulnerables, también hay que reconocer que al parecer olvidó o relegó alternativas específicas para las mujeres. Durante ese lapso de gobierno también tuvo gabinete paritario, de donde salieron algunas de sus compañeras que despuntaron en la pasada elección, como Claudia Sheinbaum, pero esa participación activa de mujeres –por ser mujeres- no fue sinónimo de avances feministas claves. Sin embargo, en el sexenio posterior al que dirigió el tabasqueño, se lograron resultados más favorables y visibles no sólo para las mujeres, sino también para la comunidad LGBTTIQ+, lo que nos hace reflexionar sobre las transiciones y los procesos de larga duración en la política partidista mexicana. Sabemos que los cambios profundos no se pueden lograr en un solo sexenio, pero también estamos conscientes que sin voluntad política no pueden avanzar muchos proyectos, por más presión social que contengan.

Llama la atención que la primera propuesta formal de Olga Sánchez Cordero sea para la legalización del uso de la marihuana con uso recreativo; esto tiene que ver con la política de la amnistía que fue tan criticada por los opositores de AMLO y creo yo, poco entendida por la mayoría de la ciudadanía. ¿Será posible que el siguiente proyecto para discutir en las Cámaras y posteriormente en el Senado sea la despenalización del aborto a nivel nacional? Si tomamos en cuenta los procesos históricos que ha vivido México en las últimas décadas, podemos intuir que esa propuesta es difícil de llevar a cabo por un solo bando. Los grupos de feministas mexicanas han elaborado proyectos de despenalización desde la década de 1970, han presionado de manera incisiva y con estrategias concretas, lo cual tuvo éxito hasta 2007, cuando se logró en la Ciudad de México bajo cualquier causal que la mujer argumente en las primeras 12 semanas del embarazo. Pero para pensar en un proyecto nacional se requieren muchos aspectos en conjunto. Revisar los códigos penales de cada estado, elaborar proyectos específicos, unificar las peticiones precisas al respecto, las discusiones entre especialistas, el apoyo social y las voluntades políticas que quepan en las agendas tanto del legislativo como del ejecutivo. No es un trabajo fácil, ni rápido, pero es algo que han hecho muchas feministas durante muchos años y que ha costado demasiadas vidas. ¿Este nuevo gobierno está consciente de que se debe avanzar en este tema? Con el reciente logro en dicha materia en Argentina, la llamada “ola verde” se hace presente en México, con sus distintos matices y con diferentes protagonistas.

El tema de los feminicidios es una emergencia nacional. En un país donde asesinan a una mujer (niña, joven, adulta) cada cuatro horas es urgente revisar por qué están pasando esas atrocidades y poner manos a la obra para que deje de ocurrir. El INEGI registró un 152% en incrementos a homicidios violentos en el país desde 2006 a la fecha, con mayor incidencia en 2012; que fue uno de los años más peligrosos para las mujeres en México. Las pocas mujeres que se atreven a estudiar los casos y a proponer acciones concretas han sido violentadas, acosadas, amenazadas e incluso asesinadas por descubrir los nexos entre el crimen organizado y las distintas jerarquías gubernamentales en diferentes puntos del país. Pero va más allá de “echarle la culpa al gobierno”, se sabe que un alto porcentaje de feminicidios fue efectuado por la pareja, ex pareja, familiar o amigo de la mujer asesinada. Hoy en día no hay lugar seguro para las mujeres; ni el trabajo, ni las calles, ni la casa. En muy pocas declaraciones públicas Andrés Manuel se ha pronunciado de manera concreta sobre los feminicidios, pero no hay una estrategia definida para erradicarlos. Sobre el aborto no ha dicho nada tampoco. Tal vez sólo sea cuestión de tiempo y de que se ponga en marcha lo que Sánchez Cordero llamó “femsplaining”, que es un documento de 28 páginas que se reconoce como “manual” en el que “hablemos nosotras”. Dicho texto enfatiza la necesidad de hacer visibles los problemas que sufrimos las mujeres y que se tienen que atender. Por ejemplo, la poca participación política –que aparentemente ya se estaría resolviendo en esta elección-, la violencia contra las mujeres, el acceso a la salud reproductiva (aunque no maneja nada sobre el aborto), la atención a adolescentes embarazadas, a mujeres con VIH, así como el acceso universal a la educación para las mujeres, en la que también se contempla una integración de nuevas docentes en el sistema escolar nacional.

Tanto el tema del aborto como los feminicidios son complejos y ningún candidato presidencial fue claro con ellos. Asumieron que el electorado se “asustaría” con algunas declaraciones y huyeron de las propuestas que los definieran. Son emergencias nacionales que no deben ponerse a votación del pueblo porque se trata de defender la vida de miles de mujeres en situaciones críticas y estamos hablando de derechos humanos, además de ser temas de justicia social. Una gran ventaja es que el Partido Encuentro Social, con quien MORENA había hecho una extraña alianza, perdió su registro y con ello se fueron difuminando los peligros de las regresiones a los avances feministas en la Ciudad de México y en el país. Sin embargo, considero que el camino en este sexenio aún es complicado para el adelanto en los derechos de las mujeres. Es cierto que necesitamos voluntad política, agendas y proyectos con perspectiva de género, mujeres al poder pero con verdadero poder, no sólo participación superficial, eliminar los techos de cristal que prevalecen en los partidos y en las instituciones, y sobre todo, la continuidad del trabajo de las feministas que han peleado de manera insistente y con diferentes estrategias en los últimos años. No por ser mujeres se asegura el bienestar de las demás. Tenemos muchos casos de mujeres al mando que no han permitido el avance ni la justicia para sus congéneres. En todo caso, el objetivo no es “gobernar” a la par que los hombres lo han hecho, sino abolir las relaciones de dominación que han perpetuado el patriarcado y las respectivas consecuencias fatales tanto para hombres como para mujeres pero especial y sistemáticamente contra nosotras con mayor crueldad. Si algo se logra algún cambio institucional en este sexenio, mi hipótesis es que será gracias a la suma de muchos esfuerzos, en los que los colectivos feministas tienen el protagonismo. Pero los cambios culturales llevan más tiempo y deben efectuarse en la cotidianidad. Aunque regreso al planteamiento sobre los procesos de larga duración y me pregunto si apenas estamos subiendo un peldaño de una larga escalera que podría dar frutos hasta después de este sexenio, siempre y cuando el trabajo de este presidente electo y sus allegados sea más favorable que cuestionable. Y sobre todo, creemos los ambientes propicios para la crítica al orden social y sembremos una nueva educación en la verdadera igualdad y el respeto a las diferencias.

Hilda Monraz

 

 

 

 

 

Otras notas para reflexionar sobre el tema:

http://www.cronicajalisco.com/notas/2018/87420.html

https://www.infobae.com/america/mexico/2018/07/08/un-gobierno-con-muchas-mujeres-pero-con-una-debil-agenda-de-genero-las-contradicciones-de-lopez-obrador/

http://www.jornada.com.mx/2018/06/02/politica/014n2pol

RevistaGM5
Pagina libre al pensamiento
http://www.gm5.com.mx

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