Estás aquí
Inicio > Destacados > Las quesadillas de San Francisco, una oda a la comida mexicana: Tragón Chiflado

Las quesadillas de San Francisco, una oda a la comida mexicana: Tragón Chiflado

No es una noticia nueva, hace tiempo que la cocina mexicana ha alcanzado la inmortalidad al ser proclamada Patrimonio de la Humanidad.

 

Tragón Chiflado / Revista GM5

tragonchiflado@gm5.com.mx

En realidad eso ya lo sabía desde siempre, pero finalmente la UNESCO, que no tengo ni la menor idea qué es, pero suena muy elegante, hizo la declaración al mundo.

Hace mucho que yo ya lo sabía, sin necesidad de que un grupo de unos muy bien pagados burócratas trasnacionales, por no llamarles vampiros, lo hicieran oficial. La cocina mexicana, sin presumir de ser la mejor del mundo, tiene algo especial que la distingue de todas las cocinas étnicas.

Por ello, hoy en este espacio quiero hacer un homenaje, no a los aristocráticos restaurantes de Polanco con nombre de hacienda porfiriana (no se vayan a enojar conmigo, ¿eh?, que soy su cliente), tampoco a las cadenas que expenden comida texana por todo el mundo con sarapes de Saltillo en sus comedores y anuncios de la cerveza Corona, sorprendiendo a sus clientes que es auténtica comida mexicana y mucho menos a Taco Bell, que ni es taco, ni es mexicano y que dice el troglodita de Donald Trump que disfruta mucho esos “tacos” todos los cinco de mayos.

Ahora quiero hablar de esas señoras que todas las tardes, casi al anochecer, en cualquier rincón de México, salen con sus blancos manteles y sus limpias mesitas para vender los más exquisitos platillos de autentica cocina mexicana, que, a un precio exageradamente bajo, hacen que todos los mexicanos  sin excepción, podamos deleitarnos de las obras cumbre de la gastronomía nacional.

Desde el Río Bravo hasta el Suchiate, y de costa a costa, estas mujeres todos los días hacen verdaderos banquetes al alcance de todo el pueblo, en donde la dieta mexicana de frijol, chile y maíz la convierten en una explosión de variedades de formas y sabores: Picaditas, quesadillas, enchiladas, sopes, tlacoyos, tostadas y, desde luego, tacos en todas sus modalidades.

En pocos lugares del mundo (aunque yo creo que en ninguno), se logra esa afinidad y verdadera convivencia social en torno a un anafre que vende comida mexicana, ricos y pobres, estrellas y estrellados, esperan su turno para saborear el manjar elegido: una quesadilla de queso con champiñones, una de huitlacoche o posiblemente una de flor de calabaza o incluso un sope con sus frijolitos, lechuguita, queso rallado y su cremita.

Les voy a dar un “tip”, pero, por favor, no lo divulguen ya que la última vez que fui esperé más de una hora por un par de quesadillas y un sope. En la colonia Del Valle, en la calle de San Francisco, entre las calles de Miguel Laurent y San Lorenzo, casi a la mitad de la cuadra, (ojo, no es en el mercado), hay una señora que vende quesadillas, no sólo son las más sabrosas de México, sino las más baratas. Si va, ármese de paciencia, pero finalmente quedará muy satisfecho y su bolsillo permanecerá prácticamente intacto.

¡Viva la comida mexicana!, algo que hace que verdaderamente valga la pena ser mexicano… además de otras millones de razones.

RevistaGM5
Pagina libre al pensamiento
http://www.gm5.com.mx

Deja un comentario

Top