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“ARRIESGUE”, por Roberto Cienfuegos (Opinión)

SINGLADURA

 

Roberto  Cienfuegos J. / Colaboración

ro.cienfuegos@gmail.com

La mayoría, si no todos, confiamos en que no ocurra. Otros temen que pudiera suceder, pero la pregunta en la que casi seguramente todos coincidimos es para qué correr el riesgo. Aludo claro al peligro que está corriendo de manera cotidiana el presidente del país, Andrés Manuel López Obrador.

Ya sabemos que es testarudo como pocos políticos del país. Una, y otra y una vez más, por ejemplo, porfió hasta alcanzar la presidencia. Hasta donde registro, ningún candidato a la presidencia insistió tres veces antes de vencer en el último intento. Cuauhtémoc Cárdenas bregó un par de veces y paró.

Así que no hay duda de que López Obrador es un hombre y un político empecinado. De esto sobran otras evidencias. Es podría apuntarse un hombre de firmes convicciones, poco maleable y hasta obcecado. Esta característica de su carácter puede verse como algo positivo, pero también podría convertirse en su peor estigma. Peor aún si se trata de su seguridad personal, su integridad física, pues.

El tema no es nuevo y aún su esposa lo ha llamado a redoblar su seguridad personal, pero nada. Ni siquiera Beatriz Müller lo ha convencido de que tiene que cuidarse porque no se trata sólo de un hombre o de un político, sino del presidente de México. Pero nada. López Obrador sigue con una guardia baja, o relativa si se quiere.

Se deshizo del estado mayor presidencial porque consideró que esta guardia de élite constituía un exceso y un gasto oneroso, que contradice el espíritu de austeridad republicano que impulsa su gobierno. Ni hablar.

Argumenta que el pueblo lo cuida y que quien nada debe nada teme. Creo que se trata de argumentos temerarios, más que una garantía para él personalmente y el pueblo del país.

Hace unos días, apareció una manta amenazante a propósito del combate al huachicol emprendido por el gobierno.

“Andrés Manuel López Obrador te exijo que saques a la Marina, Sedena y fuerzas federales del estado, si no te voy a empezar a matar gente inocente, para que veas que esto no es un juego y que en Guanajuato no los necesitamos ahí te dejo un regalito (una alusión a una camioneta con explosivos) en mi refinería para que veas cómo se van a poner las cosas, y si sueltas a mi gente que se llevaron y si haces caso no van a valer madre. Atente a las consecuencias. Atte. El señor Marro.”

De igual forma, fue publicada en redes sociales (benditas o no) la fotografía de una camioneta pick up color naranja con un paquete sospechoso en el asiento trasero frente a la entrada 4 de la Refinería ingeniero ANTONIO M. AMOR. Al punto hubo versiones contrastantes entre voceros del gobierno de Guanajuato y el federal sobre el vehículo. Unos dijeron que sí contenía una carga explosiva, otros lo negaron y todo quedó formalmente en presunción.

Incluso el presidente López Obrador dijo que se trató de una falsa alarma. Ojalá.

De cualquier forma, la seguridad del presidente no es cosa menor ni un asunto para dejarlo al azar, la buena voluntad o el apoyo popular. Urge que el presidente tome en serio el tema. Es vital.

La víspera, López Obrador perdió un vuelo –sobra decir que comercial- en Veracruz y optó por la autopista. Otro riesgo.

Ah, pero de manera paradójica este lunes el gobierno federal desplegará casi dos mil efectivos militares en Tijuana para atender el asunto de la seguridad en esa ciudad fronteriza, célebre entre otros motivos por haber sido la sepultura del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, una tragedia que cambió el curso de la historia nacional.

Bueno entonces ¿para qué tanto arriesgue de la persona del presidente de México? El solo riesgo es demasiado alto para asumirlo. ¿Para qué poner en vilo al país? ¿O no?

Es mucho mejor no tentar al diablo. Ya sabemos que luego los demonios andan sueltos.

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