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«Justicia social injusta. Robo legalizado.». Por: Luis Pazos (Opinión)

Durante décadas de impartir clases de Economía Política en la Escuela Libre de Derecho y de Teoría Económica en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), me percaté de que la mayoría de los alumnos (y no pocos profesores) usan varios conceptos básicos, como derecho, ley y justicia, sin definir claramente su significado ni considerar todas sus repercusiones en nuestra vida y en el progreso de la sociedad.

 

Luis Pazos / Colaboración

instituto@cisle.org.mx

Cuando busco en libros el sentido de esos conceptos, me encuentro que en la mayoría se limitan a repetir lo que otros han dicho, pero no explican claramente el significado de la justicia, la ley y el derecho, ni las diferencias entre ellos.

En ocasiones enseñamos los conceptos jurídicos básicos en calidad de dogmas o axiomas, que no necesitan demostración. Hablamos de la ley, del derecho o la justicia sin aclarar que sus definiciones y la aplicación de esos conceptos cambian de acuerdo con la ideología o la escuela de pensamiento que trata de definirlos y del gobierno que los aplica, lo que tiene efectos importantísimos en la vida cotidiana de todos los habitantes de un país.

En este libro sostengo y demuestro que las leyes, los reglamentos y la justicia, basados en la protección de los derechos humanos, son la base del desarrollo económico, mientras que las leyes que bajo las más diversas excusas, como la preservación del “orden”, lograr la “justicia social” o alcanzar la igualdad económica, violan el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad, derechos humanos básicos, se convierten en un obstáculo al progreso a la vez que siembran la división entre los miembros de una sociedad.

El mal uso y la manipulación política del derecho, de las leyes y la justicia justifican gastos inútiles y excesivos por parte de los gobernantes para, teóricamente, reducir la pobreza y la desigualdad, pero esto solo genera inflación, pobreza, desempleo, baja productividad, odios y enfrentamientos entre los ciudadanos de diversos estratos sociales.

Los invito a examinar racionalmente las ideas y los datos que expongo en forma sencilla y lógica en este pequeño libro. No tengo la verdad absoluta ni tacho de ignorantes a quienes critiquen mis tesis sobre la función social del derecho, la ley y la justicia. Comparto con el filósofo contemporáneo Karl R. Popper su afirmación de que la crítica racional es la base del progreso.

 

RevistaGM5
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