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¿QUÉ SIGUE AL ODIO? Por Roberto Cienfuegos Jimenez. (Opinión)

 

Singladura

 

 

 

Roberto Cienfuegos J. / Colaboración

ro.cienfuegos@gmail.com

Aun y cuando es prematuro vincular de manera automática los aciagos hechos ocurridos el último fin de semana en dos ciudades de Estados Unidos al odio racial, todos los indicios hacen pensar que ambos episodios están relacionados con el racismo, un fenómeno que sigue latente en ese país, todavía la mayor potencia del mundo, y que peor aún, se ha atizado por el presidente Donald Trump con fines perversos y una enorme ambición de poder. Nada más deleznable que eso porque implica la muerte de personas inocentes, entre ellos varios niños esta vez.

Sobre los dos incidentes armados en Texas y Ohio, ya bastante se sabe. Dos hombres blancos cobraron las vidas de casi tres decenas de personas. Otras tantas se encuentran hospitalizadas por heridas graves, perpetradas por armas de alto poder como un AK-47. Es de temer, claro, que el saldo trágico de hechos tan barbáricos como alentados, así sea indirectamente, se eleve conforme pasen las horas.

Nada nuevo, hay que decir, en un país que apenas “ayer”, por increíble que parezca, negaba y/o restringía el trato de personas a quienes fueran distintos a los blancos.

Trump, paradójicamente un hijo de inmigrantes de dudoso pasado, ellos sí, ha atizado a lo largo de los últimos 30 meses y aún antes, una campaña de odio racial. El discurso del ocupante de la Casa Blanca lo conocemos sobradamente los mexicanos, y aún nuestros vecinos centroamericanos. El 6 de julio de 2015, escaso un mes después de anunciar su candidatura presidencial, declaró que «el gobierno mexicano incentiva a su gente más indeseable a emigrar a Estados Unidos, gente con un montón de problemas, en muchos casos criminales, narcotraficantes y violadores». Referirse así a los nacionales de cualquier país, es no sólo una ofensa grave, sino un estímulo, por menor que se quiera, para erradicarlos. Eso fue lo que hizo Patrick Crusius, en nombre según está por determinarse de combatir la “invasión” de su amado Texas, así este estado perteneciera a México originalmente, mucho antes de que los tratados de Guadalupe Hidalgo fueran suscritos en febrero de 1848 para poner fin a una guerra derivada de un robo armado.

Desde que Trump anunció su candidatura presidencial, temas como la inmigración y la seguridad fronteriza, la construcción de un muro fronterizo y la deportación de todos los inmigrantes indocumentados, así como una prohibición temporal de ingreso de musulmanes a Estados Unidos, han avivado el fenómeno racial y no pocos crímenes de odio, entre otros vinculados a la libre y amplia tenencia de armas en Estados Unidos. Según diversos registros, sólo este año suman unos 250 episodios armados con saldos de personas muertas y/o heridas en ese país. Trump se opone claro a un control de armas y se doblega por intereses electorales y políticos a la poderosa Asociación del Rifle.

Trump se deslindó de inmediato de los trágicos sucesos en El Paso, una ciudad vinculada de tantísimas formas a Ciudad Juárez, al declarar que “el odio no tiene cabida en Estados Unidos”. ¿No? ¿Y entonces cómo interpretar las declaraciones previas del mismo Trump para repudiar a inmigrantes y países enteros? Ya se veré qué anuncia este mismo lunes cuando refiera los hechos del fin de semana.

Falta por ver qué harán los demócratas estadunidenses ante estos hechos tan trágicos en dos ciudades estadunidenses. Me pregunto ¿si serán las vidas segadas suficientes para descarrilar la elección de Trump para un segundo mandato? Sería una forma sensata de decir no al odio, y ahorrarle muchos más problemas al mundo por el poder de un hombre, que según algunos estudios sufre desequilibrios mentales.

Un experto de la Universidad de Granada, Vicente E. Caballo Manrique, cree que Trump padece el denominado Trastorno de la Personalidad Narcisista, que entre otros síntomas revela su incapacidad de reconocer o identificarse con los sentimientos y las necesidades de otras personas, muestra agresividad y utiliza mentiras frecuentes.

«La abrumadora cantidad de crímenes violentos en nuestras principales ciudades es obra de negros e hispanos», ha dicho Trump.

 

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