Estás aquí
Inicio > Arte y Cultura > «DE PELOTARIS Y CRINOLINAS.». #Los90delFrontón

«DE PELOTARIS Y CRINOLINAS.». #Los90delFrontón

 

Las líneas Art Déco de la fachada del Frontón México son el trazo de una apuesta por el futuro de una sociedad mexicana que se descubría pujante y moderna a principios del siglo XX.

 

 

 

Gustavo Prado* / Colaboración para GM5 

editor@gm5.com.mx

Durante la Época de Oro del cine mexicano había dos tipos de narrativas: las que hablaban del ideal de un país campirano como Allá en el Rancho Grande (1936) y las épicas urbanas de Juan Orol en nuestro versión local de un cine negro.

La noche avanza (1952) de Roberto Gavaldón es una película donde el protagonista es el Frontón. Pedro Armendáriz es un pelotari aficionado a conocer una multitud de chicas, pero el telón de fondo es un público que va a ver el espectáculo deportivo con una elegancia digna de la ópera. Trajes bien cortados con la silueta de los años cuarenta, hombreras, saco cruzado. Para nosotros lo describimos como la silueta del “Pachuco” aunque en ese tiempo era la silueta masculina elegante.

En contrapartida, la mujer ultrafemenina con la silueta acorsetada, el sombrero que cubre una parte de la cabeza y tapa con un velo de red; maquillaje pesado de gran elaboración con peinados de postizos y redes que tienen esa forma glamurosa e icónica.

Tras la guerra y las grandes estrecheces, la moda estaba dictada por el New Look de Christian Dior que llegaba a México en las ediciones que hacía Madame Rostand, comprando en París la licencia de unos cuantos vestidos de alta costura que se repetían en producción en serie con la leyenda en la etiqueta de elaborado por Mme, como una copia fiel del original y con licencia.

Los años cincuenta fueron el gran momento de una sociedad mexicana en la que El Registro de los 300 del Duque de Otranto daban cuenta de las principales familias del país – se suponía que sólo existían 300 millonarios. En sus galas, el Frontón era uno de los destinos obligados para mostrar la moda de vanguardia, el atractivo femenino en un aparente escenario deportivo que, a diferencia del Club Chapultepec, donde se mostraban los mejores trajes de baño, asistir al Frontón era el momento de lucir los trajes de cocktail y las salidas de noche para ir de ahí al Ciro’s y al Quid.

Esta gran formalidad de mediados de siglo fue dando lugar a una sociedad más informal que fue menguando hacia los años sesenta. Los espectáculos públicos dejaron de ser asunto de elegancias y al mismo tiempo los grandes rituales como el Baile Blanco y Negro; el vestirse para el Teatro, los Toros o el Frontón fue menguando hasta llegar al mundo noventero donde sólo las grandes bodas eran espacio para la elegancia.

La canasta del Jai Alai en su forma clásica queda junto con los corpiños, afeites y estructuras de una sociedad que veía en el encuentro social la plataforma para el devaneo, el cotilleo, y el negocio. Pensar en este aniversario del Frontón es revalorar el ropero de la abuela y de la madre, para contrastar y descubrir que en este mundo digital debemos construir nuestras nuevas tradiciones de la moda.

*Gustavo Prado está al frente de trendo.mx, agencia mexicana de tendencias. En su carrera, Gustavo ha destacado por ser asesor de marcas como Liverpool, Calvin Klein y más. Constantemente participa en distintos foros sobre diseño, tendencias e innovación.

#Los90delFrontón

Deja un comentario

Top