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¿EQUIDAD, AUSTERIDAD? Por: Roberto Cienfuegos Jimenez. (Opinión)

 

Singladura

 

 

Roberto Cienfuegos J. / Colaboración para Revista GM5

ro.cienfuegos@gmail.com

Si es cierto lo que dijo la víspera el presidente de México, tendremos que acostumbrarnos en su sexenio a crecer poco o nada, y deberemos abrazar la austeridad, así pueda resultar letal en algunos casos. Esto para no incurrir en «la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico», según el criterio presidencial.

En su primer informe de gobierno, conforme establece la Constitución del país, y tercero que dirige al pueblo mexicano en los últimos meses, López Obrador dijo que «otro elemento básico de nuestra política es hacer a un lado, poco a poco, desechar la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico». Así deberemos asumir que el crecimiento económico poco o nada importa para un municipio, un estado o un país. Mucho menos para una familia, cualquiera que ésta sea.

Es más, el mandatario abundó para que no quepa duda, que en la Cuarta Transformación «consideramos que lo fundamental no es lo cuantitativo, sino la distribución equitativa del ingreso y de la riqueza». Dicho de otra manera y espero no malinterpretar, la clave para el gobierno de López Obrador es proceder conforme al criterio de una «distribución equitativa del ingreso y la riqueza».

Pero la pregunta obvia radica en pedir una explicación precisa sobre qué es lo entiende el presidente como «equitativo». ¿Acaso por ejemplo una reducción de casi 80 por ciento de vales de despensa como la practicada en dependencias públicas en perjuicio de empleados públicos de nivel modesto es ´equitativa´? Lo dudo, como apunta la canción.

Añadió el primer mandatario que «el fin último de un buen gobierno es conseguir la felicidad de la gente». Dudo otra vez, con todo respeto, que la gente sea feliz de ver una merma de su ingreso –por lo demás modesto, insisto, y tengo las pruebas -.

Tampoco creo que haga feliz a la gente enfrentar más dificultades para llevar comida a la mesa de su familia, que seguramente resentirá los efectos, quizá en su propia salud, de una dieta más pobre.

Dijo más el presidente. Sostuvo que «el crecimiento económico y los incrementos en la productividad y la competitividad no tienen sentido como objetivos en sí mismos, sino como medios para lograr un objetivo superior: el bienestar general de la población y, preciso aún más, el bienestar material y el bienestar del alma». Repregunto: ¿cómo se puede lograr bienestar material y del alma con mermas de ingresos, no muy altos pero si importantes para muchas familias del país, que completan gastos básicos con vales de despensa, también básicos?

Cuidado. La austeridad puede muchas veces derivar en algo absolutamente contrario al propósito benevolente e incluso sano que en ocasiones impulsan los gobiernos. Después de todo, hay austeridades que matan.

La austeridad es positiva cuando hay boato y desperdicio. No así me parece cuando no hay crecimiento. ¿Cómo decir por ejemplo a una familia que deberá comer sólo una y no tres veces al día porque hay austeridad?

 

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