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«CRIMEN E IMPUNIDAD EN CDMX». Por: Roberto Cienfuegos Jimenez. (Opinión)

 

Singladura

 

 

 

Roberto Cienfuegos J. / Colaboración para Revista GM5

ro.cienfuegos@gmail.com

¿Dónde estuvo señora Sheinbaum cuando la víspera decenas de jóvenes embozados, entre ellos mujeres, avasallaron durante varias horas de manera delictiva, criminal incluso, el centro de la ciudad de México que presuntamente usted gobierna? ¿A dónde se metió señora Sheinbaum? ¿Se parapetó en su despacho? ¿Sintió miedo? ¿Por qué tardó tanto en tomar decisiones? Déjeme decirle que usted no gobierna la ciudad de México. Usted es un cargo, si acaso. Usted traicionó el compromiso que asumió cuando protestó al cargo. Lo digo porque usted se comprometió a respetar y hacer respetar la ley. ¿O no lo hizo? Es evidente y sobran las pruebas que usted violó la ley y que usted debería enfrentar un juicio por su responsabilidad o la falta de ésta en el ejercicio del cargo que se le encomendó, que le encargaron los ciudadanos que votaron en forma mayoritaria para que usted asumiera el cargo de jefa de gobierno de la Ciudad de México. Le quedó demasiado holgado ese cargo y esa responsabilidad. Usted debería renunciar por un mínimo de decencia personal y respeto a los habitantes de esta ciudad. Pero estoy seguro de que ni siquiera eso tendrá.

La Ciudad que dice usted gobernar quedó por horas a la deriva la víspera, y lo peor es que usted incumplió la ley, se hizo cómplice de los vándalos que hasta con martillos rompieron vidrieras y prendieron fuego a cuanto quisieron. ¡Qué vergüenza!

Le diré otra cosa: también usted traicionó al presidente del país, su correligionario, Andrés Manuel López Obrador, quien en su informe, el primero de septiembre pasado, aseguró que México vive ya un auténtico Estado de derecho. Usted lo desmintió en los hechos. ¿Cómo se puede hablar de estado de derecho cuando en la principal ciudad del país simple y llanamente no se respeta ni se hace cumplir la ley? Esa es su primera responsabilidad, señora Sheinbaum. Se lo hago saber como simple ciudadano, profundamente indignado de presenciar cómo decenas de jóvenes vandalizaban la ciudad, perpetraban daños en propiedad privada y todo con una impunidad absoluta.

Imagínese, lo hicieron a la luz pública, provistos de martillos, muebles y todo artefacto contundente que tuvieran a la mano. Y usted señora Sheinbaum, aterrorizada quizá, permitió que eso ocurriera, pese a que dispone de cuerpos policiales y hasta de la flamante guardia nacional para garantizar una sola cosa: respeto a la ley. Envió policías, pero después de horas.

Ah pero quizá usted pensó en arrodillarse y acatar a pie puntillas la instrucción de su amigo y aliado político, el presidente López Obrador, según el cual nunca se reprimirá a nadie y menos a los jóvenes, aun éstos cometan todo tipo de latrocinios en detrimento del Estado de Derecho que dicen defender.

¿Qué vergüenza! Y si permiten semejantes ataques y semejante impunidad a la luz pública, qué podemos esperar de ambos como gobierno? ¡Absolutamente nada!

Le aclaro señora Sheinbaum que nadie les pide represión. Sólo se les pide que respeten y hagan respetar la ley, que sí existe, le aclaro por si hace falta.

Si ni siquiera hacen respetar la ley cuando hay flagrancia, qué nos queda por esperar de ustedes en el combate a la delincuencia, que es mucho más eficaz, rápida y capaz que ustedes?

Es por ello que vivimos bajo el imperio y el flagelo claro de la delincuencia, la encubierta y embozada y la que actúa en las calles con absoluta libertad, sin que nadie se atreva a poner un límite a tanta destrucción, daño y sobre todo, ilegalidad.

La víspera, señora Sheinbaum, perdí de un solo golpe y porrazo lo que me quedaba de expectativa sobre su gestión como “jefa de gobierno” de la ciudad de México. Usted y nadie más, sepultó a su propio gobierno, por llamarlo así. Sólo faltará que entonemos el himno que usted podría componer y cuya letra le sugiero: “vivan el caos, la impunidad y la violación de la ley. Qué vivan. Pobre ciudad de México con alguien como usted al frente del gobierno.

 

 

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