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«EL PAN 80 AÑOS» (6 Y ÚLTIMO) Por: Juan José Rodríguez Prats (Opinión)

«Como tendencia general de todos los hombres, un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder que solo termina con la muerte.».
Thomas Hobbes

Con mi solidaridad y admiración a Luis Raúl González Pérez por su valor y entereza

Ojala me equivoque, pero México continuará en una paulatina y persistente descomposición en todos los órdenes en los próximos años.

 

 

Juan José Rodríguez Prats / Revista GM5

editor@gm5.com.mx

La historia da cuenta de que los errores en política siempre se pagan (no hay impunidad) y que los daños cometidos desde el poder tienen consecuencias, muchas veces irreversibles, y se magnifican con el tiempo. Hay decisiones aparentemente triviales que provocan grandes daños. Desafortunadamente, quienes las sufren no son los gobernantes, sino los gobernados y a veces por varias generaciones.

Si la elección presidencial de Estados Unidos del año próximo será crucial para México, la nuestra de 2021 (14 gubernaturas, diputaciones federales, locales y presidencias municipales) determinará su futuro: o se continúa impulsando la empantanada transición a la democracia o se retrocede dando al traste a toda su precaria vida institucional.

En ese escenario, ¿qué deben hacer los partidos de oposición, principalmente el PAN como el mejor posicionado electoralmente? Difícil no caer en lugares comunes o en perogrulladas.

A mitad de un gobierno de confusión, de lucha abierta y soterrada, de simulaciones y de deterioro en la convivencia democrática, la elección planteará un reto cultural; se trata de lo que siempre ha requerido: ideas. Se dice fácil, pero elaborar un rescate, sustentado en principios y valores, del discurso envenenado, demagógico, plagado de mitos y prejuicios, no es tarea fácil. Limpiar el lenguaje y darle crédito a la palabra es toda una hazaña. Exige autocrítica, buena fe, dedicación, voluntad y empeño. Sobre todo un compromiso ético para darle a la verdad la jerarquía que le corresponde con todas sus consecuencias.

El PAN tiene historia y doctrina, pensadores y respuestas. Los adversarios son los mismos: los populistas y los enemigos del Estado de derecho; quienes abusan del poder y no respetan al ciudadano. Por lo tanto, la actitud de Acción Nacional debe ser la misma: valor cívico y congruencia. La política como deber y coraje. La calidad humana como virtud del liderazgo.

Existe una desarticulación entre el panismo y su dirigencia nacional. Muchas de las estructuras estatales están cooptadas por gobiernos locales o por grupos facciosos. Recuperar la confianza ciudadana implica un trabajo local para rescatar la autoridad panista. Requiere afectar intereses creados y olvidarse por lo pronto de la “escaramuza de lo electoral”.

Un tema estará repiqueteando en todas las entidades: alianzas. Me opuse a ellas en 2018, antes hice algunas excepciones por circunstancias especiales. Ahora, aprendiendo del pasado, como dijera Carlos Castillo Peraza, apostemos por nosotros mismos. Ello no significa descartar una generosa apertura a candidatos externos, no solamente porque sean competitivos, sino por su desempeño y que se aproximen al perfil del cargo, así como parlamentarios en una legislatura que como nunca debe ser contención y dique al autoritarismo y a las distorsiones y violaciones de la ley.

Habrá tiempo para señalar otras propuestas. Una cosa es clara: López Obrador tiene un plan transexenal. Ni por asomo se hace a la idea de entregar el poder a un adversario o a alguien que no le deba la presidencia y que no le permita tener influencia. Sabe que su 4T puede borrarse en la primera semana de la próxima administración. Eso para él es veneno puro. Lo despojaría de su más cara obsesión: pasar a la historia como uno de los grandes próceres que han forjado esta nación.

La lucha será cruenta y feroz. Vamos a enfrentar al “ogro antropófago” al que se refería Castillo Peraza. Ojalá los panistas y el pueblo de México, como en otras ocasiones, estemos a la altura del deber.

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