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«¿Demagogo o estadista?» Por: Juan José Rodríguez Prats. (Opinión)

 

«En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse»
Laurence J. Peter

 

 

Juan José Rodríguez Prats / Colaboración para Revista GM5

editor@gm5.com.mx

Una pregunta inquieta a los mexicanos: la actitud del presidente López Obrador ante la crisis que enfrenta México, desde su voluntad para hacer las cosas bien, hasta su capacidad para llevarlas a término. He sido su crítico desde el arranque de su vida política y, aunque parezca poco creíble, siempre he procurado actuar de buena fe. No me alegra que le esté yendo mal porque también le va mal a mi país y, desde luego, a mí en lo personal. Por ello, me atrevo, como simple ciudadano, a darle mis sugerencias. Quizá de algo le puedan servir para ser un auténtico estadista.

Muchos pensadores han clasificado a los políticos en quienes subvierten el orden con el fin de desestabilizar un gobierno dañino y quienes se desempeñan con eficacia para preservar instituciones y avanzar con estabilidad. Son excepcionales los que reúnen ambas habilidades. Obvio decir que López Obrador pertenece a la primera clase. Muchos dirán que es inútil pretender que atienda voces críticas ante las pruebas reiteradas de su terquedad. No obstante, persevero en la tarea. Se me ocurren 10 consejos atendibles.

1. Aceptar la realidad y asumir las consecuencias. El hombre con poder genera una infinita capacidad de autoengaño. Reconocer los hechos, diagnosticar con objetividad, leer oportunamente los acontecimientos y lo que podría suceder en todos los escenarios posibles es un ejercicio básico.

2. Respetar la ley. Nada más grave, que revestir una mentira con lenguaje jurídico. Ya hemos perdido la cuenta de las muchas violaciones a nuestra normatividad del actual gobierno.

3. En el mes de julio de 2018, Héctor Aguilar Camín escribió: “El mayor riesgo de López Obrador para la democracia es que vive la política fundamentalmente como confrontación”. El tiempo le dio la razón. La obligación de un jefe de Estado es superar su espíritu faccioso, dejar de repartir culpas y asumir deberes.

4. No podemos vivir en cotidiana zozobra y desasosiego. Una cosa es una buena política de comunicación y otra sacudir permanentemente a la opinión pública con ocurrencias y trivialidades. Las instituciones tienen su ritual y su protocolo para conservar su respetabilidad.

5. Hacer suyo un pensamiento de san Agustín: “En lo necesario, unidad, en la duda libertad, en todo, claridad”.

6. El gobierno tiene un equivocado criterio para designar colaboradores: 90% honradez y 10% capacidad. Jesús Reyes Heroles solía expresar que “la experiencia vence en política”. Por algo se diseñan perfiles para cada cargo y se revisa el currículum. Urgen los cambios en el gabinete, no hacerlo significa darle prioridad al pago de lealtades sobre la capacidad para implementar las políticas en cada área de la administración pública.

7. No cambiar lo que funciona ni desmantelar lo que no se reemplaza. Hay una dañina obstinación de borrar todo lo hecho por el pervertido afán de ser el gran benefactor del pueblo. Basta ya de improvisaciones.

8. Darle prioridad a tres políticas: seguridad, salud y empleo. Conservar un nivel de eficiencia en esas áreas es la mínima condición para una buena gobernanza.

9. Utilizar inteligentemente el tiempo. La principal obligación del Ejecutivo es dar seguimiento a las funciones asignadas a cada dependencia.

10. Ser rigurosamente autocrítico y escuchar voces críticas. Solamente así disminuye la dificultad para tomar decisiones.

Aunque parezca ingenuo, sostengo que la política es un ejercicio de virtudes. Concluyo con palabras de Jesús Silva-Herzog Márquez, también de julio de 2018: “Politizar es cuestionar lo habitual, es fracturar las certezas, es convocar la adhesión combativa. Politizar es abrir posibilidades, es afirmar la potencia de la voluntad, es rechazar lo imposible. La placidez estallará y oxigenará nuestra política. Seguramente la proliferación de estallidos será también tóxica”.

6 thoughts on “«¿Demagogo o estadista?» Por: Juan José Rodríguez Prats. (Opinión)

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